# Dossier 3 / EL HIPERVíNCULO
(PRUEBA 7)
/ UN VIAJE FASCINANTE
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Un viaje fascinante

>> Fotos Gustavo Gavotti
 

Después de la retrospectiva del Proyecto Pruebas de la Compañía Buenos Aires escénicas en el Teatro Sarmiento durante el 2017 –que incluyó la producción de la Prueba 5: El ritmo–, se estrenó en la Sala Martín Coronado la Prueba 7: El Hipervínculo. Luciano Suardi y Néstor Segade, dos de sus actores, reflexionan sobre estas formas teatrales que cuestionan nuestros sistemas establecidos de representación y percepción.

 

“Nos interesa generar cruces, ser una usina, una plataforma para que diferentes artistas se sumen en nuestra investigación y proyecto”. Así enuncia la Compañía Buenos Aires escénicas uno de los objetivos del Proyecto Pruebas, investigaciones de este grupo de artistas comandados por Matías Feldman, que culminan en formas para la escena. Será por eso que en la Prueba 7: El Hipervinculo, conviven actores como Luciano Suardi, integrante de la compañía desde la Prueba 1: El espectador, hasta Néstor Segade, ex escenógrafo y realizador del San Martín que incursionó, ya jubilado, en la actuación.

La investigación y las fronteras
Entrevista con Luciano Suardi

–¿Cómo describiría el Proyecto Pruebas?

–Cada prueba indaga una teatralidad, un concepto teatral o una temática que se vuelve obra, espectáculo o performance. Por ejemplo en la prueba tres, tratamos de desintegrar y esfumar las convenciones, determinados preconceptos del realismo. En El hipervínculo la idea es trasladar a esta sala maravillosa que es la Martín Coronado lo que hacemos navegando en internet, cuando uno empieza a vincular un concepto con otro y con otro, y si podemos narrar teatralmente articulando de la misma manera.


–¿Qué desafíos actorales presenta esta prueba?

–Hago cinco personajes distintos, un personaje que sale del cuadro “La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp” de Rembrandt y viaja como una imagen de un dispositivo a otro a través del tiempo y el espacio, perdiendo materialidad. Termina en una conferencia hablando del arte contemporáneo. Además de este personaje, que atraviesa todo el espectáculo, interpreto a un burgués recalcitrante. Más allá de los tonos de actuación, personajes más o menos divertidos, más o menos conceptuales, hay distintos formatos teatrales. Vinculamos algunas teatralidades con otras que empiezan a convivir. Esa simultaneidad me parece fascinante.


–¿Qué lo entusiasma del trabajo con la Compañía?

–Trabajamos juntos hace muchos años y cuando la formamos teníamos como objetivo no abandonar la investigación, más allá que pudieran salir posibilidades de trabajo rentadas como ahora en el San Martín. Si bien dirijo en teatros oficiales, comerciales, nunca quise dejar el teatro independiente, y esta compañía tiene como base esa investigación. Hay algo en la experimentación y en llamar a distintos colaboradores, a 25 actores como en El hipervínculo, hay algo del espíritu de la investigación que no quiero dejar. Todo el tiempo estamos vinculándonos con distintos medios y distintos artistas.


Volver a la casa
Entrevista con Néstor Segade

Néstor Segade ahora es actor, y antes fue escenógrafo, realizador escenográfico, realizador de títeres y escultor teatral durante más de doce años, en el Teatro San Martín y el Colón. “Para mi trabajar acá fue una bendición, poder perpetuar la infancia”, afirma Segade. “Podía vivir jugando, haciendo títeres, pintando objetos, que es lo que más me gusta.”

–¿Cómo comenzó a actuar?

–Mi esposa (Marta Lubos, actriz) me insistió varios años para que estudiara actuación. Me decía que el teatro te mejora como persona y facilita la comunicación. Nunca le llevé mucho el apunte, hasta que un día me dijo: “no sabes qué lindo tomarse vacaciones de uno mismo, aunque sea un ratito”. Así empecé a estudiar teatro, cuando todavía trabajaba en el San Martín. Después llegó el día de jubilarme, pensé que era el fin de mi vida, extrañaba a los compañeros, extrañaba el trabajo. Empecé a trabajar como actor en pequeñas obritas, de café concert, en Temperley y Montegrande. Y eso me cambió totalmente. Es un juego, me divierto muchísimo. A veces los bolsillos quedan flacos pero salís con el pecho hinchado.

–¿Cuál es su impresión del espectáculo?

El hipervínculo me parece una experiencia teatral importante, poco frecuente. La crítica y la búsqueda en estas nuevas realidades que vivimos, cibernéticas, de la hiperinformación, está tratada con mucha ironía, con inteligencia. Los juegos que propone Matías Feldman y todo lo riguroso que es. Es un enajenado (creo que todo los grandes creadores lo son), vive una obsesión extrema que se transmite y uno juega en ese mundo como si fuera un patchwork. Cada fragmento consigue que la manta general nos cobije, que nos dé el calor que necesitamos.

–¿Cómo fue volver como actor y con peluca a la Martín Coronado?

–Fue culminar un ciclo. Pisé muchas veces la Coronado como técnico del teatro, escenógrafo, escultor, pintor, pero claro, subía cuando no había nadie. Ahora llegar con la sala llena, casi con mil personas, pensé que no lo iba a resistir. La adrenalina es muy grande, en el momento que se prende la luminaria y tenemos que salir. Recibir un aplauso es grandioso.