Tocar el cielo
y la tierra

>> Fotos Carlos Furman
 

Ana María Stekelman volvió a presentar su obra Bésame con el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín. En esta entrevista, la coreógrafa adelanta aspectos clave de su creación.

 

Cuando se le pregunta sobre los objetivos de Bésame, Ana María Stekelman, responde con cierta sorna y ese humor ácido que la caracteriza: “Nada, no quise hacer nada, absolutamente nada”. Pero, rápidamente, para disipar el desconcierto generado, explica que todo surgió de una idea muy movilizadora que le despertaron dos buenos amigos que siempre le recomiendan temas musicales para que escuche. Ellos fueron quienes le hicieron conocer a Diana Krall, la cotizada cantante de origen canadiense y triunfante en los Estados Unidos. “Más allá de sus indudables virtudes interpretativas, Diana Krall me sorprendió porque uno de los temas del repertorio elegido era nada menos que “Bésame mucho”, el ya clásico bolero”.

A partir de allí, Stekelman comenzó a buscar distintas versiones de esa pieza del repertorio popular y, con ellas, a idear un espectáculo en el que las diferentes interpretaciones están unidas por saxos. “Julián Vat, mi compaginador musical, es saxofonista. A esto se sumó la ventaja de que dos de los bailarines, Diego Poblete y Ariel Caramés, son intérpretes del mismo instrumento, lo que me facilitó las cosas”.

A Stekelman le atrajo la vigencia de la pieza a lo largo de los años y las modas. “Es prodigiosa esa riqueza que adquieren algunos temas populares, capaces de atravesar, transparentes, casi todo el siglo XX. “Bésame mucho” es un notable ejemplo porque ha conservado su fuerza y su interés como para atraer a una cantante actual y moderna como Diana Krall, tras haber pasado por grandes artistas populares de diferente origen y estilos como Nat King Cole u Oscar Alemán, Cesarla Ebora o Simone. Es una obra simple y, al mismo tiempo, perfecta”.

Otro aspecto que cautivó a la coreógrafa fue la oportunidad —al tener varias interpretaciones distintas del mismo tema— de investigar sobre las posibilidades de la repetición, un recurso que ya ha empleado en otras obras y que siempre es un desafío. “En la repetición se presenta un abanico creativo que parece no tener fin, porque aunque algo se repita, cada vez es distinto y ofrece sugerencias diferentes. Es imposible que una versión sea igual a la otra, aunque uno se lo proponga. Este es un recurso que ya utilicé en Seis veces Verdi, con el Grupo de Danza Contemporánea del Teatro San Martín, allá por los finales de la década del ’70 o en Tango en fuga con Tangokinesis, en el ’95, en el que utilicé todas las versiones de “El choclo” posibles”.

El recurso de la repetición es tan viejo como el teatro, se lo puede encontrar en los primitivos mimos y payasos, en los juglares y hasta en los propios textos de William Shakespeare. Stekelman asiente y replica: “Eso ya son palabras mayores, Shakespeare es muy grande. Sin embargo, una vez me animé con él: hice Macbeth con Julio Bocca. Me encantó hacer un Macbeth sin el texto y que, a pesar de eso, siguiera siendo shakespereano. Pero es un verdadero desafío. ¿Cómo sustraerle el texto a ese genio? En principio me parecía una empresa imposible, pero la dimensión de Shakespeare es tal que sobrevive a todas las pruebas porque, como Jorge Luis Borges, posee ese fenómeno de condensación que es fundamental en el arte: condensar en un minuto toda una vida o encerrar en un simple verso una idea cósmica”.

Ana María Stekelman se inició y desarrolló como bailarina y coreógrafa dentro de una línea que podría calificarse de intelectual de vanguardia. Desde hace ya un tiempo, sin embargo, se advierte que sus trabajos están influenciados por temas de carácter popular. “Yo empecé a profundizar en el tango —explica la coreógrafa— con Tangokinesis y fue el tango, el que me acercó a lo popular. Porque al darme cuenta del atractivo mundo que encierra el tango me interesé por otros lenguajes como el bolero, la música cubana o el jazz. En lo popular hay una enorme riqueza. Confieso, sin pudores, que estoy enloquecida con esta posibilidad de tocar el cielo y la tierra al mismo tiempo y hacer lo sublime y lo popular a la vez”.

Otro aspecto que fascina a Stekelman es la posibilidad de combinar distintos géneros. “Yo lo defino –afirma– como “transversalidad”, los italianos le dicen “contaminación”, los franceses “mestizaje” a esto de mezclar cosas de diferentes orígenes: por caso, el tango con composiciones de Bach, la ópera con el tango. Hace tiempo que vengo trabajando sobre la “transversalidad” y fundamentalmente con lo popular, porque el mundo de élite me sobrepasa, no lo tolero’”.

La talentosa coreógrafa se inclina por un arte que tienda a un lenguaje expresivo simple. “¿Por qué razón —se interroga— tengo que leer a un escritor actual, que no entiendo, si tengo la posibilidad de leer a Sigmund Freud y entenderlo, pese a que es un autor de ideas complejas, aunque como escritor es de una gran simpleza?” Respecto de sus objetivos actuales, Stekelman asegura que lo que verdaderamente la inspira es lo sencillo. “Cuando empecé a manifestarme en la danza —recuerda— apuntaba claramente a las élites, a las vanguardias pero ahora, después de un largo camino recorrido, mi meta pasa por lo sencillo. Me gusta que la gente guste de lo que hago. En realidad, yo que empecé en la vanguardia hoy estoy en la retaguardia, decididamente voy hacia atrás”.