# Dossier 1 / PETRóLEO
(PIEL DE LAVA)
/ €QUEDó LO QUE SUPO SOBREVIVIR PORQUE EL TRABAJO LO NECESITó€
NOTAS RELACIONADAS       

“Quedó lo que supo sobrevivir porque el trabajo lo necesitó”

>> Fotos Carlos Furman
 

Gabriela Aurora Fernández, la diseñadora de vestuario de Petróleo, la última creación del grupo Piel de Lava, reflexiona acerca de sus procesos de creación. El aporte de un talento capaz de producir la metamorfosis sobre estas actrices, también como forma de indagar (corporalmente) sobre la construcción del género y los estereotipos.

 

Gabriela Fernández es escenógrafa, vestuarista y artista visual. En su larga trayectoria como diseñadora de vestuario y escenografía, tal vez la caracteriza su manera integral de entender el hecho escénico. Fue actriz durante algunos años, y esto fue decisivo para la manera en que concibe el diseño de vestuario y de escenografía, no solamente en sus aspectos plásticos o visuales, sino pensando desde adentro y afuera del escenario.

“Estoy en los ensayos, pruebo mucho, casi como obligación”, afirma Fernández. Más que de un método, reivindica el carácter artesanal de los procesos. “Pensar con la mano, poder probar, hacer para poder luego conceptualizar sobre lo que se ve”. En el caso de Petróleo, el tiempo acotado de creación y prueba – dos meses luego que el grupo presentó su Retrospectiva en el Teatro Sarmiento–, no impidieron que esta creadora sostenga ética y estéticamente sus procesos. “Al poner elementos a jugar, se ensucia un poco la cancha, y algunos empiezan a dar cuenta que ya no quieren estar ahí, ya no dicen lo que tienen que decir.”

Gabriela Fernández reflexiona sobre los procesos de creación en el diseño de vestuario. La alquimia de este espectáculo, que tras realizar funciones en el Teatro Sarmiento durante 2018, se mudó a la Sala Casacuberta del Teatro San Martín en febrero de 2019 y continuó su temporada, con idéntico éxito de público en el circuito comercial, en el Teatro Metropolitan Sura. “Me interesa que los elementos de vestuario generen una demanda narrativa porque están jugando y portando sentidos dentro de la obra, no porque aparecieron a último momento y hay que justificarlos. Los elementos empiezan a producir sentidos sobre esos cuerpos y eso es leído como un material posible dentro de la obra.”

– ¿Cómo fue su primer acercamiento al proyecto?

Conocía el trabajo del grupo Piel de Lava, de Carricajo, Gamboa, Correa y Paredes, pero nunca había trabajado con ellas, quienes me convocaron. Cuando me contaron su idea de interpretar roles masculinos me agarró una especie de ataque, porque es un trabajo difícil si los hay. Comencé este trabajo de la misma manera que desarrollo mis procesos, con mucha prueba y error, y pensé que eso a este trabajo le iba a venir bien. En una primera reunión me pasaron un material que no estaba terminado: había ideas, intensidades, temas que circulaban: lo masculino, cuatro petroleros en el sur de la Patagonia, algo del anarquismo rondando y una obra pensada siempre desde una mirada contemporánea.

– ¿Allí empezaron a pensar esta transformación hacia lo masculino?

En ninguna de sus obras anteriores vi que hubiese un trabajo de caracterización o composición como el que percibía que íbamos a tener con Petróleo. Entendía la inquietud de ellas compartida con Laura Fernández, quien también dirige junto al grupo: no parodiar o caer en modelos de imitación, que siempre ponen la actuación por detrás. En esa primera reunión percibí una inquietud por cómo íbamos a armar esos hombres, cómo trabajar lo masculino a partir de los cuerpos de las actrices. Creo que ellas temían porque en mis trabajos suelo meter mucha peluca, pelo, bigote.

– ¿Cuáles fueron las primeras pruebas con el elenco?

Hice lo que hago siempre: empezar a venir a los ensayos y probar. Ando con mis petates de un lado al otro y les puse bigotes, barbas de una manera muy rústica, haciendo un trazo grueso. Durante un tiempo me dediqué a embarrar el trabajo, a trabajar en zonas farragosas, que se veían desprolijas:  no daban muy bien con las características de cada cuerpo y cada cara. Trabajamos distintos códigos para que pudieran ver eso y también mi aporte, cómo es mi manera de pensar. Al segundo ensayo todas estaban con barba, con bigotes, con unas ropas grandotas y antiguas que había traído de casa. Al principio vimos qué sucedía modificando los cuerpos de ellas, diluyendo el cuerpo femenino, sin saber si era lo que convenía. Si poníamos un pantalón muy suelto, si las zapatillas son dos o tres números más grandes… Jugaba a favor la posibilidad de trabajar en el Teatro Sarmiento, que era el espacio donde iban a estrenar. El volumen que esos cuerpos van a ocupar en el espacio se juega mucho en el vestuario, porque los dimensiona de otra forma. Empecé a cotejar cómo funcionaba el conjunto, a partir de los elementos que se ponían.

– ¿Cómo respondieron las actrices a esta forma de trabajo?

–  Quería generar en ellas la confianza para que trabajaran con la libertad de que no va a venir alguien a imponer algo porque estéticamente, visual o plásticamente queda bien, o configura aquello que tengo en mi cabeza. Íbamos a utilizar aquello que el propio material demandara. Es decir, que los elementos de calzado, maquillaje, peluquería funcionaran por la propia demanda de lo que ellas iban narrando. Lo que quedó fue una decisión de un proceso, lo que resistió, se impuso y sobrevivió porque el trabajo lo necesitó.

– ¿El vestuario aquí produce opinión sobre los estereotipos de género?

El área a mi cargo participa de esto de transformarse que es “trans” (a través de), a partir de un disfraz, en este caso. Además, las actrices trabajaron con lo corporal, con la voz. Estos roles masculinos empiezan a tener cierta erotización por elementos de lo femenino, y la obra se corta en el momento más interesante, tal vez porque es ahí donde sucede el atractivo y la crisis. Soportar la situación de lo crítico en esta tarea es parte del trabajo, dejar que se rompa y producir con ello una organicidad que no conocíamos. Alguien podría decir: “¡Tanto lío para poner esas barbas, esos pantalones roñosos!”. Sin embargo, cada uno de esos elementos tuvo que ser probado, rechazado, vuelto a tomar, amado, aceptado por el cuerpo de cada actriz. Me interesa mi aporte al material más en términos de proceso, que es importante valorizar. Durante dos meses tratamos de comprender de qué manera en cada una de las pruebas habría para ellas una posibilidad.

 


FICHA TÉCNICA
GRUPO PIEL DE LAVA
Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa y Laura Paredes

Petróleo

Elenco
Elisa Carricajo
Valeria Correa
Pilar Gamboa
Laura Paredes

Asesoramiento artístico y entrenamiento corporal Andrés Molina
Música y diseño de sonido Zypce
Iluminación Matías Sendón
Vestuario Gabriela A. Fernandez
Escenografía Rodrigo González Garillo

Dramaturgia y dirección Piel de Lava y Laura Fernández

Estreno: 5 de julio de 2018
Última función: 2 de septiembre de 2018
Teatro Sarmiento

Reposición: 15 de febrero de 2019
Última función: 7 de abril de 2019
Sala Casacuberta