# Dossier 4 / PARA PARTIR / PREFIERO DESCUBRIR LAS OBRAS, VER QUé JUEGOS PROPONEN NOTAS RELACIONADAS     

Prefiero descubrir las obras, ver qué juegos proponen

Por Por Ignacio Sánchez Mestre >> Fotos Carlos Furman
 

Ignacio Sánchez Mestre, autor y director de Para partir, reflexiona en las líneas que siguen sobre su última creación. “Estaba leyendo mucho sobre el suicidio y me interesaba como disparador de una ficción posible. Así surgió la idea de conocer a un padre a través de las personas que quedan y los objetos que dejó.”

 

La familia y los vínculos
Siempre me atrajo el mar. Debe ser por la sensación de que lo tengo lejos. Soy de San Juan y siempre fui a Mar del Plata o a Chile de vacaciones. Mi obra anterior, La savia, abordaba a la madre como personaje principal y ahora tenía ganas de irme al padre como personaje capaz de motivar la ficción de una familia o de los restos de una familia. Me fascinó una película llamada Anomalisa, en la que muchos personajes tienen una sola voz, tema que fue tomando cada vez más importancia. Cuando empiezo a escribir, prefiero descubrir la obra de a poco, ver qué leyes y juegos van operando. Si bien el suicidio fue el puntapié de Para partir, termina hablando de los vínculos, de lo que creemos que una familia tiene que ser o debería ser.

 

Ensayos
Comenzamos por la escena más compleja, en la que el padre muerto empieza a manipular al resto de los personajes. Con Tomás Mesa Llauradó, el asistente de dirección, decidimos empezar por una escena en la que estuvieran todos los personajes. Es una obra que, al principio, nos resultó muy divertida por su dispositivo. Y después se volvió más difícil. Cuando descubrimos de lo que estábamos hablando, se puso más interesante a nivel de la actuación y surgieron las dificultades. Me sirvió mostrar el trabajo en proceso y escuchar. Después hay que hacer un trabajo para cerrar las opiniones, porque de lo contrario uno se marea entre tantas diferencias. Con David Seldes, Laura Copertino, Lara Sol Gaudini y Tomás Mesa Llauradó, el resto del equipo artístico, venimos trabajando juntos desde mi obra anterior. Siempre es bueno escuchar lo que propone cada uno. Les puedo compartir ensayos iniciales, cuando la obra se pone buena, cuando está en el peor momento, cuando toma forma. Me tranquiliza saber que con ellos no tengo nada que ocultar.

 

Presencia, ausencia
El padre ausente estuvo desde el inicio, y el juego que propone su voz también. No estaba tan claro el mundo de las “acciones” de Roberto. Es difícil ofrecer al actor una obra cuando su personaje no tiene texto. En Para partir, Roberto siempre está “robando” los textos de los demás. Es un personaje enigmático del cual se habla durante toda la obra, por lo que el abanico de sus posibilidades era muy amplio. Es la primera vez que dirijo a siete actores, y las preguntas desde la actuación se multiplicaron, porque todos vienen de generaciones y formaciones distintas, y por momentos era difícil encontrar las respuestas desde la dirección.

 

 

El azar y lo fantástico
Desde hace un tiempo empecé a trabajar con elementos fantásticos para generar sistemas de ficción. En Para partir, la muerte y su posibilidad de imaginarla disparó la obra. ¿Se puede ser testigo del propio velorio? ¿El muerto se fue o sigue ahí? En la obra se habla de “La Majadita”: es el nombre de un pueblo muy chiquito, en la precordillera de San Juan, que por supuesto nada tiene que ver con una playa nudista. Siempre que leo o veo teatro o cine, me atrapa cuando hay algo de otro orden, un intento de explorar maneras de contar.

 

El Sarmiento
Además de ser mi favorito de la ciudad, le tengo mucho cariño a este teatro. En 2011 actué en Ulises no sabe contar, de Ariel Farace, y siempre vengo a ver lo que está en cartel. La curaduría de Vivi Tellas me parece interesantísima, arriesgada y cambiante. Venía de la experiencia de La savia en el Teatro Cervantes, donde tuve la suerte de que me produjeran una obra y entender lo que eso significa. Los que venimos del off estamos acostumbrados a ensayar durante un año, dos o tres veces por semana, para que la obra tome alguna forma posible. Es un sueño que uno pueda imaginar la obra que quiere. Es una libertad que hay que tomar con mucha responsabilidad.