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Para reír y emocionarse

>> Fotos Carlos Furman
 

A poco de su estreno en el Teatro Regio, Mariano Dossena, el director de la obra de Enrique Santos Discépolo adelanta los condimentos de una pieza singular para el teatro argentino, cuyo montaje apuesta a un propósito originario de la escena: hacer reír, pensar y emocionarse

 

En 1949, un año antes de su muerte prematura, Enrique Santos Discépolo estrenó Blum, una comedia plagada de su humor mordaz, con una estructura clásica y perfecta, y ese ritmo tan eficaz que fue su marca de fábrica. Pero detrás de una aparente superficie de comedia divertida para toda la familia, a poco de transitarla esta pieza se descubre mucho más ambiciosa y compleja. Blum aborda temas como la soledad del poder, el amor por conveniencia y el verdadero sentido de la vida, tratados con el genio y un estilo original que sólo un artista perfecto como Discepolín pudo concebir. 

Mariano Dossena, responsable de la dirección de la nueva puesta de esta obra prácticamente no abordada por la escena nacional, ya ha demostrado su gusto por textos clásicos en atractivas versiones de Poeta en Nueva York de Federico García Lorca (Centro Cultural de la Cooperación), Los invertidos de José González Castillo (El Extranjero) y El tiempo y los Conway de J. B. Priestley (Centro Cultural de la Cooperación).

“Descubrí Blum casi por casualidad”, confiesa el director en esta entrevista realizada en el Teatro Regio cuando faltan pocas horas para el estreno y, sobre el escenario, los técnicos terminan de ajustar los últimos detalles de la escenografía, las luces y la utilería del espectáculo. “En verdad estaba buscando otra obra, pero de su hermano, el gran Armando Discépolo, y ahí estaba Blum. Lo primero que me llamó la atención fue el título, Blum, que es como una interjección. Y me dio curiosidad. La leí enseguida, de un tirón y me sedujo inmediatamente por el humor tan personal que maneja Discépolo, ya leyéndola me resultaba divertida. Con una voz muy personal, y un ritmo de comedia americana que resulta totalmente atípico para el teatro argentino. Con un primer acto casi vodevilesco, de comedia “de puertas”, con situaciones y encuentros muy vertiginosos. Además, a la fluidez y el ritmo de comedia, Discepolín le suma su escritura poética, con la hondura y la profundidad propia de sus tangos. En ese sentido, Blum ofrece una mixtura muy seductora: tiene humor, ritmo de musical hall y poesía. Todo eso me cautivó, junto con una exploración del alma humana a la altura de sus grandes tangos. Me encanta el abordaje de los clásicos, trabajar con la palabra de los grandes autores, vengo haciéndolo desde hace algunos años. Y me sedujo Blum por su gran formato y su largo aliento, ideal para montarla en un teatro como el Regio.

—De la lectura del texto se desprende que Blum pareciera, en principio, una obra mucho más accesible para su montaje de lo que podría resultar en realidad. ¿Usted está de acuerdo? ¿Fue difícil plasmar la puesta?

—Aparecieron algunas dificultades y dudas. Es verdad que hay un cierto  alejamiento por la época y las costumbres del tiempo cuando fue escrita, hace casi setenta años. Pero lo que sucede con las grandes obras es que, al final, resulta más fácil dirigirlas, porque están muy bien escritas. Y si además uno cuenta con buenos actores, como en este caso, el material fluye. Hay algo universal en los tópicos que trabaja Blum que la hace muy comprensible. Y los ensayos fluyeron de manera vertiginosa, sobre todo en el primer acto. Además, el hecho de tener a un protagonista como Humberto Tortonese resignificó el trabajo. Discépolo construyó a este personaje para él mismo, para un capocómico, por eso la obra necesitaba un actor que asumiera ese protagonismo, aunque los demás personajes también están muy bien delineados. Y esto se vio en el proceso, muy dinámico, de mucha entrega. Y también con mucha diversión, porque la pasamos muy bien montándola. Tal vez lo más difícil fue alcanzar el ritmo y la precisión que pide el primer acto, donde los actores entran y salen permanentemente.

—En verdad Blum necesita de un actor-creador, que asuma además todo el peso de ese personaje que lleva adelante la acción y está permanentemente en escena.

—Sin dudas, es fundamental. Como Discepolín, Humberto Tortonese es un actor rupturista, un creador, que le dio al personaje su sello distintivo. Su rasgo cómico, con un matiz melancólico, es propio de esta comedia por momentos amarga que provoca cierta empatía por lo que le sucede al personaje. Por eso, contar con un actor de las características de Tortonese sin dudas resignificó el personaje, lo hizo propio y le dio nuevos colores.

—¿Cuáles son los ejes que guiaron la elección de la escenografía, el vestuario y la música?

—Desde lo visual, con el escenógrafo Nicolás Nanni nos propusimos reflejar la época en la que fue escrita y estrenada la obra: los años cincuenta. Que además le viene muy bien a un escenario como el del Teatro Regio, cuya arquitectura pertenece más o menos a la misma época. El primer acto transcurre en la oficina de Blum, un espacio lujoso y también cosmopolita, que podría estar en un rascacielos de cualquier gran ciudad del mundo. Es un ámbito frío, típico de hombres de negocios, con un gran ventanal que muestra la ciudad desde las alturas. En el segundo acto aparece la casa de Blum, igualmente ambientada en los años cincuenta, una residencia propia de un hombre adinerado y poderoso. En todo momento buscamos que el patrón estético no se alejara de esa época y todo fue pensado como si fuera la ambientación de un film. Que además es algo infrecuente en la cartelera porteña y me genera mucha ilusión para trabajar. El vestuario de Mini Zuccheri continúa esa línea, algo que se aprecia sobre todo en las chicas, las hermanas Diamond, que componen un terceto de número vivo muy común en esa época. Por otra parte, el vestuario genera comportamientos para el actor y lucir esas prendas ayuda enormemente a la composición y el movimiento. En cuanto a la música, el desafío era componer una partitura a la altura del dramaturgo, que es uno de los más grandes poetas del tango. Con una poética muy personal que, sin embargo, no está muy explicitada en el texto. La música compuesta por Gabriel Senanes reconstruyó esos momentos a partir del mundo de la obra. Además hay momentos de music-hall fuera de la escena, en el prólogo, en el entreacto y al final, que le otorgan al montaje una dinámica interesante. Con los músicos en vivo que además son intérpretes de la obra, ya que tienen sus propios roles.

—Ahora que la pieza ya está montada y falta poco para su estreno, ¿cuáles son los condimentos que cree recordará de Blum en el mañana?

—Con Blum me pasa que me hace remontar al pasado e imaginarme al público de los años cincuenta, riéndose de lo mismo que se ríe el espectador actual, setenta años después. Y eso no deja de maravillarme. Blum tiene un humor ingenuo, por momentos naif, pero también filoso cuando necesita ser irónico. Y provoca la risa en el público a pesar de que el mundo cambió enormemente. Que podamos reírnos con ese humor aparentemente tan lejano no sólo habla bien de la obra sino también del público. Y estoy seguro de que dentro de veinte o cincuenta años, el público seguirá disfrutando de Blum.


FICHA TÉCNICA
Blum     

 Autores
Enrique Santos Discépolo y Julio Porter

Adaptación
Mariano Dossena

Elenco (por orden de aparición)

Pereyra Eliseo Barrionuevo
Doctor Aliso Daniel Toppino
Olga María Rosa Frega
Blum Humberto Tortonese
Gilford, Coreógrafo, Voz del dictáfono, guitarra eléctrica y bajo Federico Justo
Isabel María Inés Sancerni
Dama de beneficencia, Renata Alejandra Perlusky
Dama de beneficencia, Eloísa, Ofelia Milagros Almeida
Garcilazo, Pianista, piano y melódica José Tambutti
Lucy Magalí Sánchez Alleno

Entrenamiento vocal Nancy Ocampo

Coreografía Mecha Fernández
Iluminación Claudio Del Bianco
Vestuario Mini Zuccheri
Escenografía Nicolás Nanni
Música y dirección musical Gabriel Senanes

Dirección Mariano Dossena

Duración: 100 minutos

Estreno: 5 de julio de 2018
Última función: 9 de septiembre de 2018
Teatro Regio

Reposición: 27 de octubre de 2018
Última función: 2 de diciembre de 2018
Teatro de la Ribera