# Dossier 4 / LA REUNIFICACIóN DE LAS DOS COREAS / INSTANTES SIN UNIDAD NOTAS RELACIONADAS         

Instantes sin unidad

Por Joël Pommerat >> Fotos Mathieu Zazzo / Pasco
 

Tras la exitosa presentación durante la temporada pasada de Todo saldrá bien (1) Fin de Luis, a cargo de la compañía de Joël Pommerat, la directora Helena Tritek prepara otro texto del autor francés: La reunificación de las dos Coreas. A propósito de su estreno en la Cunill Cabanellas, ofrecemos algunas reflexiones de Pommerat sobre el proceso de escritura de esta obra, integrada por historias breves de amor y desamor.

 

Hasta el momento, no sé bien cómo hablar de esta pieza. Sin embargo, es bastante simple. Es una sucesión de instantes sin una unidad declarada o una  coherencia narrativa. Se parece más a una serie de pequeños fragmentos ficcionales sobre un tema más o menos común. Sin embargo, no es una pieza abstracta. Además de ser realista, es un teatro de acción más que de texto, de poesía textual. Este teatro, me parece, vale por lo que pone en juego entre los individuos, por lo que muestra, por lo que sugiere en un nivel relacional y existencial, más que por lo que dice o formula. En este teatro, por ejemplo, se dicen muchas banalidades. El estilo de escritura no es interesante o buscado, incluso es menos original. Es un teatro realista que podríamos casi calificar como teatro de situación, pero prefiero el término de “teatro de acción”, qué es más divertido y ambiguo. Es decir, la acción prevalece sobre la palabra.

En concreto, la obra comienza con una escena tomada del guión de Escenas de la vida conyugal de Ingmar Bergman, Luego, hay varios fragmentos ficcionales, tres exactamente, que están inspirados en Arthur Schnitzler: una de sus nouvelles, Rien qu’un rêve y una obra, La ronda. Me gustaría enfatizar que estos nombres no son necesariamente fuentes de inspiración general, pero en el caso de Schnitzler son disparadores para esos tres fragmentos del conjunto. Pedí prestado a Bergman sólo un minuto de su formidable film. Quería comenzar con él y esa pequeña escena para ubicar algo, abrir un tema bien particular. En términos de influencia, podría citar a Antón Chéjov, al de los relatos y obras en un acto crueles, humorísticas, casi satíricas. Hay algo en mí que acuerda con ese tipo de sensibilidad.

La escenografía tiene, desde siempre, una importancia crucial en mi escritura. Una escenografía del vacío, espacios sin materia, fundaciones, arquitecturas que convocan luces y sonidos para revelarse plenamente (por eso el encuentro con el diseñador de luces Éric Soyer fue tan importante para mí, como François Leymarie en el sonido). Es a partir de ahí que mi imaginación se pone en marcha. Al principio de mi formación como autor, a comienzos de los años noventa, pude liberarme como escritor y comenzar a escribir porque pude definir (y visualizar) con precisión espacios teatrales. Escribir movimientos de los cuerpos, desplazamientos en silencio, inmovilidades, antes que palabras. Frente a una página en blanco o una computadora hubiera estado bloqueado. Por eso digo que no soy director, porque sin una visión interna, concreta del espacio (o si me impusieran uno que no hubiera echado raíces en mí), sería incapaz de crear.  

Con respecto a La reunificación de las dos Coreas, el punto de partida esencial fue el deseo de trabajar en un espacio bifrontal. Es decir, dos gradas de espectadores enfrentados, alargadas hacia los laterales, dejando un área de juego central, como un pasillo entre dos montañas. En muchos ejemplos (incluso en esta última creación), el espacio escenográfico es el primer elemento dramatúrgico en mis obras. La fuente de inspiración que va a conducir la escritura. La elección de materiales dramatúrgicos más clásicos vino luego: temas, puntos de partidas ficcionales. Son materiales que fueron explorados y puestos a prueba en esta bifrontalidad, durante dos talleres de investigación para cincuenta actores que tuvieron lugar en Bruselas. De esos talleres surgieron muchos elementos centrales de esta creación y me gustaría valorar aquí a todas las actrices y actores que me brindaron su confianza, que me inspiraron y con quienes disfruté trabajar. Quisiera agradecerles. Después les pregunté a cinco de ellos si querían unirse al proyecto y aceptaron. Si contamos el tiempo de estos dos talleres en Bruselas, son casi seis meses de trabajo e investigación en condiciones de representación casi real, en este espacio bifrontal.

Si hay un cierto misterio en el título, obviamente debe ser preservado. Es como el final de una película de suspenso: no hay que contarlo a quienes no hicieron la fila en el cine. Es esencial. Para mí, el título es algo que tiene que revelarse para el que está inmerso en la obra. En ese momento se llena de sentido.

En mi vida personal, tengo el proyecto de tomar un año o dos de distancia de mi compañía, para liberarme totalmente del trabajo de creación y de acompañar los espectáculos. Habría momentos dedicados a la vida simple, a viajar y pensar sobre la continuidad del trabajo. Probar, por qué no, otras formas de escritura teatral, otro enfoque, tal vez en contradicción con lo que siempre dije. Por ejemplo, escribir sin el escenario una obra que demandara un trabajo más largo. Una certeza: esto va a pasar siempre en el teatro, porque el teatro es mi filosofía de vida, y porque en la vida hay que tomar decisiones y hacerse cargo. Es como un cálculo, una apuesta. Elijo la continuidad y la persistencia en lugar de la diversificación. Pero en esta constancia, en esta persistencia con el teatro, me gustaría encontrar la posibilidad de escaparme, diversificarme, devenir la imagen de lo que vivo internamente, es decir: ser realmente “muchos”.

Original en francés en “Instants sans unité”, Lettre Nº3, Odéon-Théâtre de l’Europe, enero de 2013.


FICHA TÉCNICA

 La reunificación de las dos Coreas

Autor
Joël Pommerat

Traducción
María Luisa Gingles, Guillermo Pisani

Elenco
Ingrid Pelicori
Esmeralda Mitre
Mario Alarcón
Agustín Rittano
Natalia Cociuffo
Maruja Bustamante
Alejandro Viola
Javier Pedersoli
Caro Solari
Pablo Lambarri

Entrenamiento de movimiento Elizabeth Rodríguez
Entrenamiento vocal Natalia Cociuffo
Voces en off  Silvina Quintanilla, Rolo Sosiuk

Selección musical Helena Tritek
Diseño y puesta de video Matías Ferreyra
Diseño y edición de sonido Gabriel Busso
Arreglos musicales Pablo Bronzini
Iluminación Verónica Alcoba
Escenografía y vestuario Sebastián Sabas

Dirección Helena Tritek

Duración: 110 minutos

Estreno: 27 de junio de 2018
Última función: 2 de septiembre de 2018

Teatro San Martín
Sala Cunill Cabanellas