# Dossier 4 / LA REUNIFICACIóN DE LAS DOS COREAS / EL AMOR QUE VA HACIA EL ABISMO NOTAS RELACIONADAS         

El amor que va hacia el abismo

>> Fotos Gustavo Gavotti
 

Ingrid Pelicori y Agustín Rittano, integrantes del elenco de La reunificación de las dos Coreas, reflexionan sobre la riqueza del espectáculo y el desafío que implica para los actores. Una galería de personajes alrededor de un tema tan contemporáneo como inmemorial: el amor.

 

Una mujer que se divorcia; un casamiento con muchas hermanas; una mujer que, en un geriátrico, ha perdido la memoria; una prostituta que rebaja su precio al infinito. Estos son algunos de los personajes que interpreta Ingrid Pelicori. Porque el texto de La reunificación de las dos Coreas, del dramaturgo francés Joël Pommerat, está formado por escenas independientes, sin continuidad aparente. Lo único que une estos fragmentos rotos son los intentos siempre frustrados del amor, una ilusión multiplicada por otra en la que todos podemos reconocernos. Dirigida por Helena Tritek en la Sala Cunill Cabanellas, en una puesta bifrontal, despojada de escenografía, los intérpretes quedan rodeados por el público en una especie de “calle del encuentro y la incomunicación” en la que la actuación queda en primer plano. Un diálogo con Ingrid Pelicori y Agustín Rittano sobre un teatro laboratorio sobre el desamor, y según los actores, “una hermosa oportunidad de jugar”.


—¿Para un actor resulta difícil hacer escenas muy breves y tan distintas entre sí?

Agustín Rittano: –En lo particular, es un problema que me excita. Son escenas breves que concluyen, y no se relacionan más allá de cierta reverberancia temática: el amor, el desamor, el encuentro, la incomunicación. Los personajes, si bien son distintos, están afectados por el mismo problema: un docente que es acusado en la escuela por los padres de un alumno, un jefe a quien la secretaria intenta seducir, un novio que va al registro civil y las hermanas de la novia lo acusan de haber estado con cada una de ellas.

Ingrid Pelicori: –Es una obra muy particular en su estructura, con las distintas posiciones y situaciones que plantea alrededor de los lazos amorosos, y esa variedad de escenas, de personajes, de climas más o menos graciosos y emotivos. Para cada uno de nosotros presenta el desafío de hacer personajes diferentes para contar la totalidad.


—¿Cómo les resulta trabajar con el público a tres frentes?

Ingrid Pelicori: –Es difícil, sobre todo desde la dirección, para que las posiciones no sean ingratas para ciertas zonas de la platea. Uno, como actor, no puede indagar un único frente. Como el tema es el amor, la intimidad, la situación del público como si estuviera espiando, contribuye a lo que hay que contar en definitiva.

Agustín Rittano: –El primer ensayo con público fue bastante distractivo porque se escuchaban los comentarios y las risas que impactan. Hace falta una enorme concentración. Por otro lado, esos personajes están encerrados, están en jaque todo el tiempo. La presencia del espectador es intimidante. La sensación de tener que salir de eso, con personas que están mirando desde todos los puntos de vista, en lugar de producir pánico, empieza a operar en la actuación.


—¿Qué es lo más interesante que encuentran para actuar?

Agustín Rittano: –El azoramiento. No poder creer lo que está ocurriendo, la incredulidad en eso que está pasando y cómo desempeñarme allí. Ubicarme en una situación que me está obligando a un cambio radical.

Ingrid Pelicori: –Es interesante el tipo de conflicto y cómo evoluciona en cada escena, cómo se va enloqueciendo. Es muy particular el tipo de situaciones, con qué variedades de climas están dispuestas y van desarrollándose, a veces enloqueciéndose, mostrándose en exceso y en distorsión cosas que todos podemos reconocer.


—¿Qué rescatarían de esta propuesta?

Ingrid Pelicori: –Las situaciones amorosas no están planteadas desde los lugares más convencionales, sino a través de aristas particulares. Me pareció muy interesante abordar un tema tan transitado que a todos nos involucra. Es una hermosa ocasión para jugar, que es lo que siempre ofrece el teatro.

Agustín Rittano: –El autor trabaja con muchas repeticiones, con frases variadas que se repiten. Y entonces me costaba estudiar el texto. Pensé que tal vez era un intento por expresar ese amor. Ese amor que se vuelve en contra, que va hacia el abismo, cuando no hay comprensión del otro lado o manera para recibirlo. El amor es un ensayo constante, porque no hay fórmulas. Algo invisible, tan determinante y frágil que se puede diluir como un vaso que se derrama.