# Dossier 4 / UN ENEMIGO DEL PUEBLO / MáS PREGUNTAS QUE RESPUESTAS NOTAS RELACIONADAS         

Más preguntas que respuestas

 

El director de la nueva versión de Un enemigo del pueblo –presentada con gran éxito en el Teatro Regio– explica las particularidades de la puesta de la controvertida pieza de Ibsen. Fundamentalmente, su decisión de partir del original para evitar lecturas preconcebidas y mostrar el derrotero del doctor Stockman, su protagonista, con todas sus contradicciones.

 

El rasgo distintivo del joven actor, director, dramaturgo y músico Lisandro Fiks es la habilidad infrecuente que demuestra en sus obras para dar cuenta de las contradicciones ideológicas del pasado reciente –y también de nuestro presente– sin tomar partido, sin “bajar línea”, dejando que sea el espectador quien saque sus propias conclusiones.
Precisamente esas características son las que tuvieron las autoridades del Complejo Teatral de Buenos Aires para invitarlo a montar una obra en el Teatro Regio durante la presente temporada.
“Eva Halac, la directora artística del Teatro Regio, había visto mis obras 25 millones de argentinos y 1982 obertura solemne, ambas desarrolladas a partir de un contexto político evidente, y me dijo que le gustaba mi manera de plantear lo político, sin una bajada de línea ni tratando de imponer una determinada ideología, sino mostrando las contradicciones humanas”, dice el director. “Me preguntó qué obra me gustaría dirigir y yo le dije, casi inmediatamente, Un enemigo del pueblo, porque los grandes autores como Ibsen vuelcan con maestría esas contradicciones propias de la política. Claro que, en el caso particular de Un enemigo del pueblo, se trata de una obra que fue perdiendo justamente esa riqueza de mostrar lo complejo de la contradicción política que propone, fundamentalmente a partir de la versión que Arthur Miller concibió en los años 50. Por esos años, en tiempos del macartismo, el doctor Stockmann, el protagonista, aparece como un héroe solitario que se enfrenta a todos para defender “su verdad”, el “bien común”. Sin embargo, en la versión original, Stockmann no está concebido como un héroe, sino más bien como un individuo bastante complejo, a quien Ibsen cuestiona y hasta critica. Si bien es probable que el autor se identificara en lo personal con su protagonista, creo que en ese personaje Ibsen volcaba sus propias contradicciones. No hay que olvidar que la obra se estrenó en 1883, previo a las dos guerras mundiales. Stockmann habla de la raza superior, del voto calificado, de que la masa necesita un veterinario en lugar de un médico… es muy fuerte lo que dice. Por eso tomé la versión original de Ibsen, tratando de ponerla en contexto”.

–Más allá de la batalla personal de Stockmann, ¿qué le resultó atractivo de la obra?
–Para que el espectador pueda identificarse, es fundamental la cercanía con los personajes. Ibsen escribió una obra actual. De una actualidad que no se encuentra en otras obras de esa época. El tema de la ecología, por ejemplo, que es probable que en su tiempo lo haya utilizado sólo como un disparador y hoy resulta central. Pero lo más importante es el cuestionamiento de la democracia, que en nuestros días se manifiesta de modo diferente a los tiempos en que Ibsen escribió su obra. En su tiempo era un sistema que se instalaba de manera diferente y supongo que él mismo, como librepensador que era, se debatía en relación con la cuestión de la igualdad de opinión. Sin embargo, él termina criticándose a sí mismo por el hecho de cuestionarla. De alguna manera, el personaje se condena a quedarse solo.

–“El hombre más fuerte es el que está solo”
–Es algo que nos sigue pasando. Cuántas veces sentimos que no encajamos, que el sistema se nos vuelve en contra, y pensamos en irnos a una isla desierta. Esa actualidad, lo que le pasa a una persona que se somete a un sistema instaurado y que siente que se le vuelve en contra. Por eso habla de “voto calificado”, porque siente que su verdad es la única que debe prevalecer.

–En relación con el bien común que trata de imponer Stockman termina siendo una cuestión de mera interpretación de los hechos ¿Por qué habríamos de creerle sin más a Stockmann?
–Sin dudas. Creo que no hay que creerle a Stockmann. Esa es la gran diferencia de la obra original con muchas de las versiones posteriores. Para Ibsen el agua del balneario no estaba tan contaminada. Porque el balneario viene funcionando y nadie ha padecido enfermedad alguna. La aparente contaminación viene de la curtiembre de los suegros de Stockmann, que cerró hace dos años. Hay muchos datos en la obra original de Ibsen para pensar que los hechos no son tan terminantes o definitivos. Como sí los planteaba la versión de Arthur Miller, que habla de epidemia, de muertes, de aguas envenenadas. Es fundamental la diferencia entre las versiones.

 

 

–¿Por qué piensa que la comunidad termina condenando a Stockmann? ¿Por qué lo declara “un enemigo del pueblo”?
–En la versión original, el pueblo condena a Stockmann porque los enfrenta, los critica, los insulta y manifiesta que la democracia no sirve. Los trata de ignorantes y de dominados. En la versión de Miller, en cambio, Stockmann es condenado porque va en contra de los intereses económicos del pueblo. Es muy radical la diferencia, porque el pueblo pasa a ser el que prefiere su seguridad económica a costa de lo que sea, el pueblo pasa a ser el mal.

–Más allá del contenido ideológico, ¿cómo planteó la puesta en escena?
–Me parecía importante sacar del bronce a Stockmann, porque aunque tiene sin dudas sus valores y no los negocia, también resulta un tipo bastante neurótico. Todos podemos sentirnos identificados con sus valores o no. Lo más importante es que el espectador decida y por eso quise que los personajes hablaran en un lenguaje conocido, en una situación real. En esta puesta de 2018 me propuse rescatar lo que Ibsen se planteaba en 1882: no un enfrentamiento entre buenos y malos, sino entre seres humanos, con sus contradicciones, sus miserias y sus virtudes. Seres reales, reconocibles, con los que podemos identificarnos. Y así conseguir, tal vez, que los espectadores salgan del teatro con más preguntas que respuestas.

 


LISANDO FIKS
Actor, director y autor, se formó con Augusto Fernandes, Julio Chávez y Berta Goldenberg. Egresado de la Escuela de Música Popular de Avellaneda, posee además una extensa trayectoria como músico profesional, arreglador, compositor y director musical.
Entre sus obras se destacan 25 millones de argentinos, por la que obtuvo el premio Trinidad Guevara al Mejor autor argentino; 1982 obertura solemne y Mala Praxis, estas dos últimas presentadas en Madrid, España.
Asimismo, Lisandro Fiks fue actor, arreglador, compositor y director musical del recordado grupo Los Amados, con el cual recorrió la Argentina y el mundo.
Docente de la Universidad Nacional de las Artes desde 2005, integra la orquesta de esa institución como músico y ayudante de cátedra.
En el Complejo Teatral de Buenos Aires, participó como actor en Camuflaje!, espectáculo de Enrique Federman, y en la versión de El avaro de Molière que en 2017 dirigió Corina Fiorillo en este mismo Teatro Regio.