# Dossier 6 / STRIP+TEASE = 4 DESVELOS / LO MáS O MENOS VULGAR NOTAS RELACIONADAS             

Lo más o menos vulgar

>> Fotos Carlos Furman
 

“Me pareció divertido trabajar con un hombre y desarticular el enfoque del striptease “artístico” o considerado poco artístico. El striper masculino, que no entra dentro de la tradición del burlesque, genera una fricción en relación con los conflictos de género, tan en boga en estos días”. Conversamos con Pablo Rotemberg, creador de la pieza Un cisne salvaje.

 

Un striper masculino mueve las caderas, la pelvis, se queda desnudo completamente o no, y se saca un pantalón con velcro. Se viste de oficial, de marinero, de obrero. “Me gusta la tradición del striper masculino, que es mucho más vulgar. En general, el striptease es un género históricamente marginal” afirma el director y coreógrafo Pablo Rotemberg. “Esos cuerpos de gimnasio, tan desarrollados, son una presencia escénica muy diferente a la que uno está habituado a trabajar. Además, el striper masculino trabaja para hombres gays y para mujeres, y en su figura hay una hiperexageración de lo masculino. Esa confusión me parece interesante”.

 

–¿Cómo juega esta presencia masculina en el espectáculo?

–La primera idea que apareció fue que, cuando vemos una película porno, una parte de nosotros –la clase media burguesa– vemos a esas personas como si no tuvieran un mundo interior. Me interesaba la idea de un striper conflictuado, más sentimental. Tratamos de hacer un show “anti-show”, en el cual un solo intérprete hace numeritos, cada uno con su atmósfera, más o menos explícita, más o menos vulgar. Es un único show, formado por varios retazos o climas, situaciones que va atravesando y tendrían una curva ascendente, orgásmica en algún sentido. Un in crescendo desde un punto cero a un punto de culminación.

–En otros espectáculos suyos (La Wagner, La idea fija) hay una presencia explícita del cuerpo desnudo…

–Cuando digo que estoy haciendo una obra que se llama Striptease, me dicen: “justo para vos”, se asocia mi nombre a eso. Como si fuera un tema muy relacionado con la danza y aparentemente parece sencillo. Pero para mí es todo lo contrario. Me resultó sumamente complicado abordar mi propia versión de lo que puede ser un striptease. Como un ejercicio o un espectáculo para los hombres, no me resulta para nada atractivo cómo alguien se saca la ropa para seducir. Tampoco me interesaba la idea de una deconstrucción o una conceptualización, abordarlo desde ese lugar de la danza contemporánea.

–¿Qué le interesó desarrollar en su propuesta?

–En principio había en mí una idea de ver qué pasaba con la desnudez explícita y total, como si yo pudiese ser también más “sutil”. Ahora, finalmente, en esta especie de crescendo de cierta poética que tendría que ver con cierta interioridad, el personaje va a ir desbarrancando d hacia una vulgaridad cada vez más explícita. Supuestamente, el encanto del striptease es que la desnudez nunca se revele del todo: en el caso de las mujeres, se descubren los pechos pero no el sexo. Me interesaba ese punto: ¿es verdad que es mejor ocultar un poco y sugerir, que sería la propuesta del striptease artístico o socialmente aceptado? ¿O es mejor traicionar esa expectativa? La relación entre lo explícito y lo no explícito, entre lo más vulgar y lo menos vulgar, me sigue interesando como tema.