# Dossier 8 / MúSICA, BAILE Y DANZA EN EL HALL DEL SAN MARTíN / INVESTIGACIóN, APRENDIZAJE Y EXPERIMENTACIóN NOTAS RELACIONADAS       

Investigación, aprendizaje y experimentación

 

Andrea Chinetti y Miguel Ángel Elías, los directores del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, explican los objetivos de una iniciativa en la que los intérpretes del Ballet crean obras en las que dirigen a sus propios compañeros, mientras que Lucía Bargados, Benjamín Parada, Constanza Agüero y Damián Saban, intérpretes del Ballet, reflexionan sobre el proceso de creación de esas obras, que se presentan con entrada gratuita en el Hall Central Alfredo Alcón.

 

Los bailarines del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín provienen, en su mayoría, del Taller de Danza, un espacio de formación de tres años de duración que tiene como objetivo proveer de bailarines a la Compañía. Allí tienen que presentar trabajos coreográficos de tesis y pasar por las cátedras de Andrea Chinetti y Miguel Ángel Elías. “Estamos muy vinculados con los intérpretes que ingresan, conocemos sus ganas e inquietudes”, afirma Chinetti, la directora del Ballet. “Para nosotros, es importante que puedan investigar dentro de la compañía, poder ofrecer los elementos y las facilidades”.
Los integrantes del Ballet, acostumbrados a desempeñarse como intérpretes, tienen la oportunidad en estos talleres de investigación de crear trabajos propios y ocupar el lugar de la dirección. Es una forma de poder advertir desde afuera las dificultades que experimentan como bailarines. “Por un lado hay una confianza construida con sus compañeros, y también es un aprendizaje poder separarse”, señala la directora del Ballet. Miguel Ángel Elías, su codirector, destaca las distintas tareas que dirigir involucra. “Más allá de lo puntual de la composición, tenían que organizar equipos de trabajo. Al principio los trabajos eran muy grupales y no podían convivir en la organización de los ensayos, tuvieron que reorganizarlos para seguir adelante”.
En esta primera edición, el programa no contempla profesores tutores ni la posibilidad de incorporar intérpretes por fuera de la compañía. “Es un espacio para ellos. Nuestra tarea es acompañarlos, sobre todo a los que tienen inquietudes en la composición”, asegura Elías. “El trabajo en el Ballet es muy intenso y no lo pueden hacer por fuera. Ellos conocen el mecanismo de la Compañía y su estructura, eso también es una facilidad. Ojalá de esta experiencia surjan coreógrafos que podamos programar en alguna temporada”.

Hablan los intérpretes-creadores
“Es maravilloso que se hayan abierto los talleres de investigación en el Ballet. Nuestra función es trabajar con un coreógrafo invitado desde el lugar del intérprete. Estar del otro lado y poder dirigir a nuestros compañeros, permite conocerlos más”, afirma Constanza Agüero, bailarina de la compañía. En esta oportunidad son los propios intérpretes, devenidos en directores, quienes proponen a los compañeros proyectos, que eligen de acuerdo a sus intereses. Esta confianza construida, durante los años de trabajo juntos, favorece la experimentación.
Statementstostrangers comenzó a tomar forma a partir de fotografías de la eslovaca Evelyn Bencicova. “Son una serie de imágenes muy blancas, cuerpos unidos y trenzados”, afirma Lucía Bargados. “El trabajo fue colocar algunas de esas imágenes en los cuerpos de los intérpretes para que aparezcan otros disparadores”. El espacio del Hall Central Alfredo Alcón propuso una experiencia de situación, que subvierte ese espacio de tránsito. “Hay una improvisación pautada y una investigación sobre la materialidad”. Después de descartar el látex, se decidió por un material hecho de cola vinílica, que los intérpretes emplean como una segunda piel. Bargados, que además participa en otros proyectos de sus compañeros, como co-directora y bailarina, señala que estos cambios de roles producen mayor cercanía entre ellos.
Uno de esos trabajos es el de Benjamín Parada, quien decidió trabajar sobre la forma dúo. Con una fusión entre música clásica y electrónica, Dual Duettepropone una unión de opuestos construida por los intérpretes, Damián Saban y Lucía Bargados. “En esta mezcla tomé una serie de eventos que le pueden pasar a una pareja, más o menos complicados, y uno tiene que atravesar eso y seguir adelante”, afirma el director. Su trabajo se destaca por coreografiar con precisión y destreza a dos intérpretes, decisión singular si se tiene en cuenta que sus compañeros se inclinaron por búsquedas más grupales. Parada coreografía por primera vez esta pieza, que fue creciendo con los aportes de sus compañeros. “Son ellos dos, nada más, y como es en el Hall, el mural, la escenografía del espacio, enmarca la danza, que cobra relieve”.
Como en un juego donde los participantes enrocan lugares, Sabanco-dirige junto a Constanza Agüero Unrasgar, investigación que toma como motor sus propios orígenes. “Ambos somos del interior. Vinimos a estudiar a Buenos Aires y nos conocimos en la escuela de danza del San Martín”, recuerda Saban. Se trata de un ciclo de formación en danza contemporánea de tres años, semillero de los futuros intérpretes que integran la compañía.
“Queríamos trabajar el desarraigo en todos sus sentidos: personal, familiar, interpersonal. Lo que hicimos fue proyectar en la obra el impulso por salir adelante, de culminar una etapa para asumir otra”, agrega Agüero. En el espacio, una masa de intérpretes tiene que aprender a convivir, a la vez que cada uno aporta su individualidad. “A veces nos pasa que nos mimetizamos demasiado, en la danza, en la vida, en la oficina”, señala Saban. “Los artistas tratamos de preservarnos en nuestras individualidades y también tenemos que aprender a convivir”.
Al partir de esta base conceptual, los intérpretes intercambiaron experiencias, a partir de las cuales crearon pautas de movimiento. Para Saban, el desafío consiste en poder darle un sello personal al proceso colectivo. “Constanza tiene una visión más compositiva de cómo trabajar con el grupo. En mi caso, me centro en la calidad del movimiento y su intención”. Mientras suenan canciones de Sandro y Lucien Belmond, los dos directores comparten el placer por divertirse y afirman que trabajando seriamente, se pueden encontrar espacios para la relajación y el humor.