Un puente entre culturas

Una producción teatral tan intensa y relevante como la que desarrolla el Complejo Teatral de Buenos Aires no puede eludir la tarea de acercarle al público porteño –siempre tan abierto a lo nuevo y a lo diferente– las expresiones más significativas de la escena del mundo. Durante la Temporada Internacional 2018, las salas del Complejo Teatral recibieron a destacados representantes de Gran Bretaña, en una serie de experiencias que dan cuenta del papel esencial del teatro como vehículo de unión y comprensión mutua entre los pueblos.

Tal el caso de la versión de La tempestad, el magnífico legado teatral y espiritual de William Shakespeare que, con dirección de la británica Penny Cherns y un elenco de actores argentinos, se estrenó en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín; que continuó con An Oak Tree de Tim Crouch y Plan B for Utopia de Joan Clevillé, espectáculos que combinan la danza, el teatro y la performance para dar forma a experiencias que especulan sobre los posibles rumbos de la escena en el futuro. O la impactante Campo minado, de la argentina Lola Arias, proyecto que reúne a veteranos argentinos e ingleses de Malvinas para reconstruir sus recuerdos de la guerra y su vida después de ella. Una singular indagación en las marcas imborrables que deja la guerra que, al mismo tiempo, provoca una reflexión acerca de lo real en escena, de la relación entre experiencia y ficción, de las formas de representación de la memoria.

Se trata, como siempre, de generar un puente entre culturas. Por eso la revista TEATRO da cuenta de todos estos encuentros internacionales a través de notas y entrevistas con sus protagonistas.

Este número de la Revista también aborda la adaptación escénica de Cae la noche tropical, novela de Manuel Puig presentada por Pablo Messiez en la Sala Casacuberta, en la que dos hermanas octogenarias evocan el pasado mientras afloran el exilio, la soledad, la vejez, la muerte, el miedo. Y el amor como forma de mitigar el absurdo del mundo.

Otra traslación de la narrativa a la escena es la que emprendió Mónica Viñao con Tres veces al amanecer, un relato extraño e inquietante del italiano Alessandro Baricco: tres historias atravesadas por el destino más allá de sus personajes. 

Por su parte, la versión de Madre Coraje dirigida por José María Muscari en el Teatro Regio ofreció una aproximación diferente, muy personal por cierto, del mítico alegato antibélico que Bertolt Brecht imaginó en pleno ascenso del nazismo. Y que obliga al espectador de hoy a volver a enfrentarse a una dolorosa verdad: en cualquier guerra, quienes pierden parecen ser siempre los mismos.

Hay más: el Ballet Contemporáneo volvió a montar La tempestad, la impactante coreografía de Mauricio Wainrot que traslada la pieza de Shakespeare a un nuevo lenguaje: el que provocan los cuerpos en movimiento; y el Grupo de Titiriteros que comanda Adelaida Mangani estrenó La biblioteca de los libros desordenados, un espectáculo que posa la mirada en los “diferentes” y reflexiona sobre lo enriquecedor que puede resultar la singularidad de cada ser.